"Un perro que había estado persiguiendo su propia cola abandonó la caza y se puso a reposar, encogido. En su nueva postura, descubrió que su cola estaba al alcance de sus dientes. La mordió con avidez, pero la soltó de inmediato, repingando de dolor.-Después de todo -dijo-, hay más alegría en la persecución que en la posesión".
Ambrose Bierce (E.E.U.U., 1842-1914)
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